Patrimoni a las III Xornadas de Patrimonio de Pontevedra

La pasada semana, días 3, 4 y 5 de abril, tuvieron lugar en Pontevedra las “III Xornadas de Patrimonio Rural. Patrimonio e Participación” y el proyecto Patrimoni del Programa d’Extensió Universitària de la Universitat Jaume I de Castellón fue invitado para compartir, con todos los asistentes, su metodología de trabajo basada en la participación horizontal de grupos en el territorio.
Como sabéis, la coordinación del proyecto Patrimoni es llevada a cabo desde Arsipe. Podéis leer la crónica de las jornadas en la web del proyecto Patrimoni.

La vuelta a la ciudad

Desde hace algunos años, muchas de nuestras ciudades han ido mutando hacia una ampliación exultante que, vistos los resultados, ha quedado patente que no era síntoma de éxito sino de enfermedad.

Y ahora nuestro tejido centro va perdiendo gradualmente comercios y espacios de encuentro. Y adolece mortecino sembrado de “se alquila”. Y se va poblando de huecos que hacen que la lectura de la ciudad sea cada vez más difícil y precise de especialistas intérpretes que nos ayuden a comprender mejor lo que fue y por qué ya no lo es. Arqueólogos capaces de arañar las capas de barniz ennegrecido y rescatar la esencia. Profesionales que nos ayuden a soñar colectivamente con la posibilidad de recuperar y redefinir nuestro espacio.

Primero fueron las grandes superficies y luego llegaron las franquicias. Luego los mega centros se llevaron lo uno y lo otro. Y a gran parte de la gente que vivía y transitaba por allí.

Ir al teatro en la ciudad parece, cada vez más, como adentrarse en Gotham. Una ciudad rota y, en medio, una isla de excelencia donde se programa la más alta cultura y a la que asisten los distinguidos miembros de nuestra sociedad ataviados con sus mejores pieles y joyas.

¿Os imagináis una ciudad que colectivamente decide recuperar su centro y para ello propusiera el cierre de los espacios de ocio periféricos favoreciendo e incentivando la vuelta del tejido comercial y de servicios de ocio a la ciudad? ¿Qué supondría para la ciudad? ¿Y para su economía?

¿Y para su cultura?

 @angelportoles

Valltorta-Gassulla

Dejar atrás la carretera y comenzar la senda. Perder el rumor del tendido eléctrico y el asfalto para pasar a un entorno dominado por la carrasca y la piedra. 45 minutos de ascenso no son nada como peaje para trasladarse en el tiempo y sentirse, por unos momentos, formar parte de la naturaleza y del paisaje. Y sentirse pequeño, minúsculo…

OLYMPUS DIGITAL CAMERASubida a la Cova Remigia (La Montalbana – Ares del Maestrat)

La provincia de Castellón esconde muchos tesoros preservados en ámbar. Inmóviles. Progresivamente erosionados por el lento pero incesante compás del tiempo. Y entre estos hallazgos hoy me quedo con su patrimonio artístico rupestre, que hemos conocido mejor con la última visita que hemos realizado con el proyecto Patrimoni del Programa de Extensión Universitaria de la Universidad Jaume I de Castellón.

De la mano de Amics Valltorta-Gassulla nos hemos reencontrado con una valiosa pieza de nuestro pasado más primario. Las escenas que descubrimos y admiramos – con la inestimable ayuda y paciencia del guía – en los abrigos rupestres de poblaciones como Ares, Albocàsser y Tírig, ilustran la vida, la muerte y el ritual. Disfrutarlas en silencio nos plantea muchas preguntas con difícil respuesta. Incierta respuesta pero que, gracias a la arqueología, la antropología o la filosofía, se nos permite aventurar suposiciones, hipótesis y comparaciones con, por ejemplo, otras culturas animistas cazadoras y que aún hoy en día, salvando las distancias, realizan rituales similares y llevan a cabo estrategias de caza semejantes.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl trabajo del guía como intérprete del contexto y de lo que tenemos ante nuestros ojos. Cova dels Civils (Tírig).

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEscena de la Cova dels Cavalls (Tírig) en la réplica de la cueva en el Museu de la Valltorta (Tírig).

Una jornada intensa e inolvidable de las que hacen piña. De las que son pegamento y sirven para entablar buenas amistades y colaboraciones entre personas y proyectos locales como los grupos de Patrimoni de Viver, Montán, Cirat, Sot de Ferrer, Borriol, Sant Rafel del Riu – Barri Castell (Ulldecona), Vilanova d’Alcolea y Costur.

Los caminos empinan más de la cuenta. De las rodillas ni hablamos. Pero después de 11 horas de ruta sólo puedo deciros una cosa:

¡Mañana mismo vuelvo!

@angelportoles 

 

 

 

¡Santa Lucía nos conserve la vista!

Quizás os pueda sorprender si os digo que Castellón vale la pena. Si cerramos un instante nuestros ojos, la imagen que nos viene a la cabeza puede que no sea del todo positiva. Si nos prestamos a un experimento para buscar relaciones rápidas, de esos en los que te dicen “rosa” e, inmediatamente, contestas “belleza”, “espina”, “alergia” o cualquier otro concepto similar, lo más probable es que cuando en este ficticio test nos digan “Castellón”, las respuestas recorrerán una buena parte de nuestra actualidad más sonrojante, formada por complejos vacacionales brutales, aeropuertos sin aviones, políticos de renombre, etcétera.

Pero Castellón es eso y mucho más. Mucho más que un territorio mal vertebrado, que arrincona todo lo que puede el interior para conducir el flujo de servicios, visitantes, paseantes y turistas hacia el litoral. Mucho más que el destino de todas y cada una de las felices ideas de quienes no lo aman y proyectan y proponen, como receta para la salvación de la crisis y fomento de la oportunista y feroz promesa del empleo, incineradoras de residuos, minas a cielo abierto o fraking. En Castellón, junto a este modelo megalómano, cohabita una manera radicalmente diferente de hacer las cosas, que se basa en las relaciones entre las personas y su colaboración y que se cimenta en la horizontalidad de su estructura. Es la forma de hacer de los pueblos pequeños o muy pequeños. Que trabajan en red. Que comparten y soportan en grupo el peso de los servicios sociales, de limpieza… Que resisten las casi dos horas en algunos casos de coche para acceder a una sanidad que tienen por derecho. Que aspiran a conocer día a día mejor su pueblo y que lo miman y cuidan responsablemente.

Pequeños pero muy grandes y bien tejidos. Anudados por un sinfín de asociaciones y grupos ciudadanos. Pueblos resilientes que se bambolean firmes frente a los constantes y brutales ataques porque mantienen muy hondas y muy vivas sus raíces. La escala favorece el surgimiento de iniciativas efectivas de apreciación del paisaje y del territorio. Y en medio de todas las tensiones y esfuerzos, en muchas ocasiones intuimos la presencia de un grupo de profesionales formado por Agentes de Desarrollo Local, trabajadores sociales y gestores culturales que actúan como correa de distribución y facilitadores de la transmisión necesaria para coordinar y poner en contacto a los unos con los otros.

De sobras conocidos y valorados por quienes trabajamos en el territorio, su posición es de un tiempo a esta parte muy frágil, demasiado expuestos a los vaivenes de la política local y de los funestos planes autonómicos. Frente a la diversidad y colorido que estos profesionales nos proporcionan, el marco que se pretende imponer se pinta en escala de grises y se orquesta al más puro estilo de los valores y supuestos de la evangelización de las Américas, del buen salvaje y de la buena nueva en versión gurú chamánico de los noventa venido a menos.

¡Santa Lucía nos conserve la vista!

@angelportoles