Patrimoni a las III Xornadas de Patrimonio de Pontevedra

La pasada semana, días 3, 4 y 5 de abril, tuvieron lugar en Pontevedra las “III Xornadas de Patrimonio Rural. Patrimonio e Participación” y el proyecto Patrimoni del Programa d’Extensió Universitària de la Universitat Jaume I de Castellón fue invitado para compartir, con todos los asistentes, su metodología de trabajo basada en la participación horizontal de grupos en el territorio.
Como sabéis, la coordinación del proyecto Patrimoni es llevada a cabo desde Arsipe. Podéis leer la crónica de las jornadas en la web del proyecto Patrimoni.

El querer

Resulta que hace no demasiado me contaban que un par de tipos esperaron en la puerta de un bar a que el encargado de recoger la recaudación de las tragaperras saliera para birlarle el dinero. El señor, superado el primer instante de shock, corrió tras el coche sin perderle la pista hasta que, sorprendido, vio como el par de listos paraban en una gasolinera próxima…

Como os podéis imaginar, estas dos personas fueron pilladas y supongo que, además de lo mucho o poco que les cayó por procedimiento ordinario, lo que se llevan y se llevarán de por vida es una cicatriz profunda y dolorosa allá donde más duele: el orgullo.

Pensando en esta situación tan absurda no puedo más que acordarme de lo importante que es planificar bien nuestras acciones, asignándoles un instante de reflexión y análisis y dotándolas del tiempo necesario para su buena ejecución. Y con nuestros proyectos culturales pasa lo mismo. Que empiezan mucho antes de que se vean y disfruten. Antes incluso de trasladarlos al papel. Empiezan con la reflexión premeditada y con la construcción de un buen andamiaje que combine la solidez y la flexibilidad. No es suficiente con tener buenas ideas. Hay que saber llevarlas a cabo.

No es la primera vez que hablamos en este blog de lo importante que es el cómo y no nos cansaremos de repetirlo. Y una de las claves es la participación. Solidaria. Horizontal. En positivo y desde el principio. Y esto quiere decir que las acciones y los proyectos tienen que partir de la revisión y actualización de las políticas culturales de, por ejemplo, nuestra localidad.

¿Existen?¿Hacia dónde van? Y a medio y largo plazo, esto es, más allá de los cuatro años, ¿hay algún tipo de consenso de mínimos entre las fuerzas políticas actuales, los grupos no representados y la ciudadanía en general?

A veces es como si nuestros representantes no estuvieran del todo interesados en nosotros. Empiezo a pensar que cada vez estamos menos representados y más huérfanos. No se trata de que sean lobos entre el rebaño. Tampoco los quiero de pastores. Se trata de que no somos un rebaño. Sumamos tantas diferencias como individuos. Y nuestra casuística es tan compleja que puede darse el caso de que lo que piensan de nosotros no sea reflejo de lo que mi pueblo quiere, demanda, solicita o necesita.

Agenda 21 de la Cultura, Foros de Participación, Asambleas ciudadanas… existen muchas maneras de organizarse y muchos canales a disposición de todos para iniciar dinámicas con las que conocer mejor a las personas y sus necesidades. Pensadas para fomentar el consenso y la coherencia. Y también la responsabilidad a la hora de acometer inversiones y planes con dinero que muchas veces, viene bien recordar, es de todos y para todos aunque intuyo que, en muchas de las ocasiones, siempre falta el querer…

@angelportoles

La Evaluación. Trilogía de la creación de un proyecto (cultural)

Se acerca el final del año y en muchos casos – quizá demasiados- llega la entrañable y repetitiva liturgia de la evaluación anual de proyectos. Vuelven a casa. En cada Navidad. Como los turrones. Con ese dulzón de la miel y con ese mal presagio del cacahuete infiltrado entre la almendra que viene a recordarnos que toca pasar cuentas:

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Ejemplo imaginado número 1 de evaluación anual de proyecto cultural

Demasiado tarde. Atrás quedó la fase de enamoramiento en la que conseguimos emocionar a nuestro jefe. A nuestro político. Nuestra utópica finalidad… Nuestros complejos objetivos hábilmente expuestos. Gráficas, variables, constantes, estudios, impacto. Todo al servicio del proyecto y su desarrollo.

Proyectos que pecan de soberbia. Nadie se acuerda ya de las recomendaciones y alertas sobre el complicado marco geográfico del proyecto. O la dificultad para, en tan poco tiempo, sensibilizar a una población demasiado acostumbrada al desengaño y al aplazamiento. Proyectos expuestos al corta-y-pega de evaluaciones de manual. Surgidas de nuestros apuntes de la carrera. Inconexas con el resto del proyecto porque hablan de supuestos generales. Proyectos con déficit de evaluación. Entusiastas a la hora de redactar pero olvidando la importancia de plantear una red de diagnóstico que nos permita evaluar los resultados y adelantarnos e incluso diseñar estrategias de escape, contención, protección o de choque.

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Ejemplo imaginado número 2 de evaluación anual con más que probable ajuste de cuentas político-técnico o responsable-técnico incluido

La evaluación debe serlo desde el principio. Desde el mismo momento en el que todo se perfila y la idea va cogiendo forma. Mucho antes de tener claras más de dos cosas. Debe integrarse en cada acción para mejorarla. Introducirse transversalmente para darle profundidad, sentido y matiz. Y aplicarla generosamente en todo el proceso para nutrirlo de suficientes indicadores que nos ayuden a estar preparados ante los vaivenes naturales del trayecto que estamos a punto de comenzar.

Y que sirva para algo más que para adornar la última parte de nuestro proyecto. Que cuente con todos los implicados. Desarrollando espacios y momentos para la reflexión, para el análisis. Desmontando estructuras demasiado verticales mediante la comunicación y el diálogo. Y que sea real y no fruto de cubrir el expediente. Que forme parte del adn del proyecto y que esté en los mantras que nos repetimos por la mañana.

Y que sea crítica, sin miedo a equivocarnos.

Texto: @angelportoles

Ilustraciones: P.J.Cifuentes

La cajita de oro

Más de una vez se nos pide restarle calado a nuestro trabajo, a nuestro proyecto. Suavizar su profundidad y espesor para que “cuele”, para que ocupe ese espacio venido a menos que siempre tenderá a reducirse hasta quedar convertido en expresión de la nada. Como practicar un ERE a una idea y que siga manteniendo su alma.

Me viene a la cabeza un juego de destreza y precisión en el que, a partir de una torre de piezas, le vas quitando, de una en una, maderitas sin que la torre caiga. Dependiendo de las capacidades y pulso de los jugadores, la estructura va perdiendo complejidad, despojándose de elementos superfluos, hasta quedar un armazón demasiado endeble como para soportar el equilibrio de la construcción. Y entonces todo cae.

Redimensionar a pequeña escala. Casi hasta lo absurdo. Evitando mirarte a los ojos. “No es cosa mía”. Generando coartadas para lo que creen que, independientemente de lo que digas, es un gasto inútil e injustificable en el mundo real por lo que se aconseja realizarlo con nocturnidad y alevosía. “No se trata de lo que me estás proponiendo. Más bien estamos hablando de cómo me beneficiará esto a mí y por eso debes empezar cortándole las uñas y las patillas”.

La simple propuesta de hacerlo a medias debería ser, en más de una ocasión, motivo suficiente para plantearse dejarlo estar… Charcuteros pertrechados con escuadra, lápiz y, de un tiempo a esta parte, formón y lija para adelgazar sin corromper. Para suavizar y hacer transparentes las propuestas. “Hoy me llevo dos lonchas de salami y tres de jamón del baratito. Póngame un buen lazo y una cajita de oro, que es para regalar…”.

Hipocresía llevada al extremo que sostiene y multiplica las cajitas doradas pero que hurga sin compasión en su interior, sin preocuparle el consiguiente mal estructural de huesos o el irremediable fallo interno. Sostengamos, al precio que sea, las apariencias bien altas, aunque nuestros sombreros se parezcan, cada vez más, al de Carpanta.

Puede parecer un poco exagerado pero más de uno debería sincerarse consigo mismo y con sus votantes y pregonar a los cuatro vientos el nuevo equipamiento cultural singular especialmente diseñado para moscas y arañas. Para roedores y cucarachas.

 @angelportoles

Complejidad. Trilogía de la creación de un proyecto (cultural)

“Hola, igual no te has enterado pero hace tres meses que en tu pueblo abrieron un nuevo museo…”. “¿Viste ayer el partido? ¿Fue penalti? Ese entrenador no vale para nada ¿Y qué me dices del portero? Un desastre… ¿Decíasss?”

“Hola, igual no te has enterado pero hace tres meses que en tu pueblo abrieron un nuevo museo…”. “Uff…La verdad es que tengo la cabeza en otras cosas más importantes y a mi todo eso de los museos y los cuadros me da un poco igual. Mi hijo está en el paro y en casa lo estamos pasando…mal”.

“Hola, igual no te has enterado pero hace tres meses que en tu pueblo abrieron un nuevo museo…” “Algo he oído… Mi vecino dice que le han expropiado la casa al tío Manuel y a la Mercedes – la hija de la Genara – para que así se viera mejor un arco de esos de punta. ¡Menudos sinvergüenzas! ¡Cómo se nota que no son suyos los dineros!”

“Hola, igual no te has enterado pero hace tres meses que en tu pueblo abrieron un nuevo museo…”. “Ayer lo vi en prensa… Menudo desastre… Estos críos… A quién se le ocurre… Entrar y destrozarlo todo… ¿Sabes lo que pasa? En este pueblo, estas cosas no interesan. Y no le importan a nadie…”.

Sic transit gloria mundi.

@angelportoles 

¡Santa Lucía nos conserve la vista!

Quizás os pueda sorprender si os digo que Castellón vale la pena. Si cerramos un instante nuestros ojos, la imagen que nos viene a la cabeza puede que no sea del todo positiva. Si nos prestamos a un experimento para buscar relaciones rápidas, de esos en los que te dicen “rosa” e, inmediatamente, contestas “belleza”, “espina”, “alergia” o cualquier otro concepto similar, lo más probable es que cuando en este ficticio test nos digan “Castellón”, las respuestas recorrerán una buena parte de nuestra actualidad más sonrojante, formada por complejos vacacionales brutales, aeropuertos sin aviones, políticos de renombre, etcétera.

Pero Castellón es eso y mucho más. Mucho más que un territorio mal vertebrado, que arrincona todo lo que puede el interior para conducir el flujo de servicios, visitantes, paseantes y turistas hacia el litoral. Mucho más que el destino de todas y cada una de las felices ideas de quienes no lo aman y proyectan y proponen, como receta para la salvación de la crisis y fomento de la oportunista y feroz promesa del empleo, incineradoras de residuos, minas a cielo abierto o fraking. En Castellón, junto a este modelo megalómano, cohabita una manera radicalmente diferente de hacer las cosas, que se basa en las relaciones entre las personas y su colaboración y que se cimenta en la horizontalidad de su estructura. Es la forma de hacer de los pueblos pequeños o muy pequeños. Que trabajan en red. Que comparten y soportan en grupo el peso de los servicios sociales, de limpieza… Que resisten las casi dos horas en algunos casos de coche para acceder a una sanidad que tienen por derecho. Que aspiran a conocer día a día mejor su pueblo y que lo miman y cuidan responsablemente.

Pequeños pero muy grandes y bien tejidos. Anudados por un sinfín de asociaciones y grupos ciudadanos. Pueblos resilientes que se bambolean firmes frente a los constantes y brutales ataques porque mantienen muy hondas y muy vivas sus raíces. La escala favorece el surgimiento de iniciativas efectivas de apreciación del paisaje y del territorio. Y en medio de todas las tensiones y esfuerzos, en muchas ocasiones intuimos la presencia de un grupo de profesionales formado por Agentes de Desarrollo Local, trabajadores sociales y gestores culturales que actúan como correa de distribución y facilitadores de la transmisión necesaria para coordinar y poner en contacto a los unos con los otros.

De sobras conocidos y valorados por quienes trabajamos en el territorio, su posición es de un tiempo a esta parte muy frágil, demasiado expuestos a los vaivenes de la política local y de los funestos planes autonómicos. Frente a la diversidad y colorido que estos profesionales nos proporcionan, el marco que se pretende imponer se pinta en escala de grises y se orquesta al más puro estilo de los valores y supuestos de la evangelización de las Américas, del buen salvaje y de la buena nueva en versión gurú chamánico de los noventa venido a menos.

¡Santa Lucía nos conserve la vista!

@angelportoles 

Génesis. Trilogía de la creación de un proyecto (cultural)

Idea que se piensa. Pensamiento que se comparte y se convierte en un posible. Reflexión que comienza a cristalizar hasta adquirir densidad. Todavía informe…

Promete… Estamos en el buen camino…

Ya trabajaremos después la forma. Vamos a por la estructura. Buscar conexiones con el microscopio y marcar los enlaces clave. Respecto a las uniones más débiles, no hay que descartarlas, serán con mucho trabajo y largo pensamiento, nexos paralelos que nos abrirán marcos alternativos.

Todavía en la placa de Petri. Éste es el momento en el que el profesional empieza a aplicar las cargas y a embastar la forma en base a su estilo, sus capacidades y su creatividad. Nunca podrá haber dos iguales. Los condicionantes externos e internos son tan cambiantes…

Cada vez más formado aunque todavía en estado embrionario…

@angelportoles 

Cuando Harry encontró a Sally

Personas sin proyectos que trabajan febrilmente. Sin pausa. Sin descanso. Alterados e irascibles. Adrenalizados por obra y gracia de un desaforado activismo que les impide darse cuenta que, sin diálogo ni consenso, sin horizonte ni rumbo, sin carta de navegación, es imposible arribar a Ítaca.

Personas sometidas a la voluntad cambiante del público / usuario / participante. Que trabajan siempre por detrás. Incapaces de darse un respiro para reflexionar y analizar. Para planificar.

Personas a merced del político y de sus necesidades electorales. Personas activadas que se “tiran al monte” sin paraguas ni calcetines de recambio. Personas que se sacrifican y se queman en silencio.

Personas con buenas intenciones. Personas que restauran con trapo y fairy. Personas que necesitan urgentemente un proyecto…

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Proyectos sin personas que languidecen en los pueblos y ciudades. Muertos de risa. O de aburrimiento. Criando malvas y polvo por obra y gracia de una mala decisión. Proyectos con dinero. Proyectos urgentes. Proyectos escapistas. Proyectos que lo son porque lo pone en el título. Proyectos de quita y pon. Proyectos de rompe y rasga. Locura de proyectos…

Proyectos financiados al 60 %. Proyectos financiados al 80%. Full financing projects.

Iba a tener yo una piscina más pequeña que mi vecino… Cómo no tener yo un ciclo de teatro. Cómo no tener un auditorio. Conciertos. Cine en 3D… (al final resulta que mucho de esto va a tener que ver con eso de que el tamaño sí que importa y lo que mola es ser gato en una reunión de ratones…).

Acción y reflexión son dos conceptos que se complementan. Se ceban mutuamente. Sin el otro, el uno pierde mucho de su sentido. Sin proyecto, el gestor deambula frenético apagando fuegos. Sin gestor, el proyecto se degrada rápidamente. Va perdiendo matices y colores hasta convertirse en una masa informe imposible de digerir que provocará el rechazo y la negación de todos los que participaron, de todos los que quedaron decepcionados.

@angelportoles