Valor de no uso

¡Yo no quiero ir a ver las pinturas de Altamira! Estoy convencido que puedo soportar la increíble decepción de saber que no entraré en ese espacio sagrado. Soy fuerte. Buscaré, si hace falta, nuevos hobbies y ocupaciones para los fines de semana. Quizás acabe aquel puzle. O me apunte a alguna actividad de moda estilo ganchillo. Una buena opción podría ser estar muy atento a la gente de Acción Poética La Plana-Castelló y alistarme. Vaciar mi mente y centrarme en el negro sobre blanco para, entre todos, construir un verso que conmocione al visitante ocasional.

No estoy de acuerdo con alternativas de prueba que no superan razones más allá de las supuestamente mediáticas y políticas. 5 visitantes a la semana…

¿Qué pretenden? ¿Realmente piensan que a la larga podrán armar un tinglado alrededor de algo tan delicado? ¿Cuál es el mensaje que le llega a la gente?

Parece como si el objetivo fuera generar una necesidad que no es real: la de miles de visitantes que ya sueñan con paquetes turísticos comprimidos en los que, de 10:45 a 11:05, podrán zambullirse aun sabiendo que su mera presencia es tóxica para las pinturas y el sensible ecosistema.

Valor de no uso. Hace algunos días, Jaron Rowan planteaba en el 7 simposio de la APGCC la importancia de este concepto que nos hace formar parte de una identidad colectiva. Nunca visitaré tal o cual inmueble pero eso no supone que no sea capaz de conocer y apreciar ese bien patrimonial. No iré pero debe estar. Quizás no vaya nunca a la ópera. Pero eso no quiere decir que no comprenda su valor artístico, histórico, etcétera. No espero un retorno directo pero necesito que permanezca y comprendo su importancia.

Volviendo a las pinturas de Altamira, ¡necesito no ir! Y que tú tampoco vayas. El riesgo es mayor que el beneficio. Mi responsabilidad es la de garantizar en la medida de mis posibilidades, que el patrimonio permanezca para quien venga tras nosotros. Y lo digo por pura responsabilidad. Consciente del peligro que supone para los bisontes mi mera presencia. Mi calor y mi humedad. Mis ganas de acercarme, de tocarlas y sentir lo mismo que aquellos que, hace miles de años, crearon esta emoción universal. Visitemos las réplicas. Exactas. Bien interpretadas por profesionales que nos ayudan a comprender la importancia de este patrimonio y, sobretodo, la importancia de la copia como medida de protección. De supervivencia.

 @angelportoles

Valltorta-Gassulla

Dejar atrás la carretera y comenzar la senda. Perder el rumor del tendido eléctrico y el asfalto para pasar a un entorno dominado por la carrasca y la piedra. 45 minutos de ascenso no son nada como peaje para trasladarse en el tiempo y sentirse, por unos momentos, formar parte de la naturaleza y del paisaje. Y sentirse pequeño, minúsculo…

OLYMPUS DIGITAL CAMERASubida a la Cova Remigia (La Montalbana – Ares del Maestrat)

La provincia de Castellón esconde muchos tesoros preservados en ámbar. Inmóviles. Progresivamente erosionados por el lento pero incesante compás del tiempo. Y entre estos hallazgos hoy me quedo con su patrimonio artístico rupestre, que hemos conocido mejor con la última visita que hemos realizado con el proyecto Patrimoni del Programa de Extensión Universitaria de la Universidad Jaume I de Castellón.

De la mano de Amics Valltorta-Gassulla nos hemos reencontrado con una valiosa pieza de nuestro pasado más primario. Las escenas que descubrimos y admiramos – con la inestimable ayuda y paciencia del guía – en los abrigos rupestres de poblaciones como Ares, Albocàsser y Tírig, ilustran la vida, la muerte y el ritual. Disfrutarlas en silencio nos plantea muchas preguntas con difícil respuesta. Incierta respuesta pero que, gracias a la arqueología, la antropología o la filosofía, se nos permite aventurar suposiciones, hipótesis y comparaciones con, por ejemplo, otras culturas animistas cazadoras y que aún hoy en día, salvando las distancias, realizan rituales similares y llevan a cabo estrategias de caza semejantes.

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEl trabajo del guía como intérprete del contexto y de lo que tenemos ante nuestros ojos. Cova dels Civils (Tírig).

OLYMPUS DIGITAL CAMERAEscena de la Cova dels Cavalls (Tírig) en la réplica de la cueva en el Museu de la Valltorta (Tírig).

Una jornada intensa e inolvidable de las que hacen piña. De las que son pegamento y sirven para entablar buenas amistades y colaboraciones entre personas y proyectos locales como los grupos de Patrimoni de Viver, Montán, Cirat, Sot de Ferrer, Borriol, Sant Rafel del Riu – Barri Castell (Ulldecona), Vilanova d’Alcolea y Costur.

Los caminos empinan más de la cuenta. De las rodillas ni hablamos. Pero después de 11 horas de ruta sólo puedo deciros una cosa:

¡Mañana mismo vuelvo!

@angelportoles 

 

 

 

No me gustan los automatismos

Principios de agosto. Vacaciones de agosto. En una de las iglesias “de cuyo nombre no quiero acordarme” nos encontramos a una persona joven sentada en la penumbra, en una mesita, haciendo sus cosas… “¿se puede visitar?” “Sí” “¿hay que pagar entrada?” “la voluntad (en cepillo)”. Mal empezamos, pensé…

Justo al salir, casi como acto reflejo, una monedilla que lo cambió todo… Cual resorte automático, la “custodia” se levantó y comenzó a recitarnos sus buenos ocho folios de apuntes con la historia y arte de la iglesia de marras… ¡Y que no paraba! “Gracias… Nos vamos pues… muy amable…” Nada que hacer y por si fuera poco, nos tocó acompañarla de nuevo por toda la iglesia para escuchar la explicación de cada uno de los retablos y detalles del templo…

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El verano se presta. Las vacaciones y el tiempo libre suelen ser la excusa perfecta para planificar unos días fuera de la rutina de nuestra geografía habitual y embarcarnos para descubrir nuevos lugares. Independientemente del destino y de lo que queramos conocer, cada vez más me encuentro en la difícil tesitura de elegir, cuando me enfrento a un bien patrimonial, el tipo de aproximación que deseo realizar.

Normalmente, he de confesar que prefiero el directo y personal acercamiento de manera silenciosa, sin grandes mediaciones que me condicionen descubrir, por mí mismo, la belleza, importancia, funcionalidad o singularidad del, por ejemplo, inmueble que pretendo visitar. Este camino me permite disponer de mi tiempo – siempre que vaya solo- o de, al menos, racionalizarlo en función de las ganas, fuerzas y humor de mis compañeros de viaje.

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El disfrute se encuentra en parte en desentrañar el misterio. En ser capaces de descodificar el mensaje. En percibir el maravilloso contraste de la sal en el chocolate amargo de ese bombón que descubriste, probaste y sin duda recordarás. Y para ello, lo ideal parece poder diseñar en función de tus conocimientos, tiempo y ganas, el tipo de visita que quieres realizar y las necesidades y recursos de los que quieres hacer uso para ella.

El intérprete, guía, facilitador, acompañante… es esencial y como tal debe conocer y saber sus tareas, su función y su responsabilidad tanto en lo que se refiere al grupo de personas que acompaña como en relación a la identidad y respeto del patrimonio que pone en valor. Tan importante son las palabras como los silencios y esta sencilla premisa debe ser adoptada por quienes trabajan y viven de la interpretación del patrimonio con toda naturalidad, detectando las características únicas de cada grupo y sus expectativas e intereses. Y para ello: abrir bien las orejas. Conocer a nuestro grupo. Interactuar. Diseñar a la carta. Aportar un plus de singularidad. En definitiva: hacer bien nuestro trabajo.

@angelportoles