Servicio de red no disponible, ¿reintentar?

Parecía antes de ayer cuando #MuseosPRO empezaba a coger forma en twitter con el primer e ilusionante boceto que nos mostraron Almudena y Laura. Desde esos primeros días de abril y hasta la estructura desarrollada en este mes, la iniciativa ha demostrado ser sólida y estable. Y todo ello sin perder ni un ápice de la flexibilidad necesaria para poder ser un #MuseosPro transversal en el que unos y otros hemos podido ir aportando en la medida de nuestra trayectoria, experiencia, conocimiento y tiempo.

¿Servirá de algo? ¿Tomarán nota los museos de nuestros comentarios, propuestas y quejas? ¿Servirá para que alguno de nosotros entre en la lista negra? ¿Qué nos pasa?

Tenemos hambre. Hambre de poder tratar el tema juntos. Ganas de continuar aprendiendo y de mejorar el perfil de un trabajo que, como hemos visto en estas semanas, tiene dos caras muy definidas. Por un lado, la posibilidad, ganas y deseo de participar en un espacio y en un proyecto  que puede llegar a ser fundamental en la creación y la revolución cultural, social y económica de un territorio. Por el otro lado, la cara menos amable, formada por toda la serie de problemas y cortapisas que lo hacen, para muchos, cuanto menos, inaccesible.

Y la base de esta distorsión entre lo que es un Museo y lo que pensamos y soñamos que debería ser, se encuentra, en parte, en nosotros mismos. Que aprendimos utilizando metodologías basadas en la cooperación, en la búsqueda de redes  y en la horizontalidad. Que creímos que los planteamientos de los distintos grados, másteres  y cursos de especialización que alimentan nuestro curriculum podríamos aplicarlos en el mundo real. En un trabajo real. En un museo real.

¿Y ahora qué? ¿Podemos hacer algo?

Todo pasa por la colaboración. Por la suma de capacidades versus el individualismo que supone hacer, cada uno por su lado, la guerra.

Se abre ante nosotros un nuevo marco de trabajo en el que podemos definir unas reglas nuevas. Para, por ejemplo, sistematizar criterios que recojan buenas prácticas y comportamientos exportables que ayuden a quienes están y a quienes, el día de mañana, puedan estar, a definir mejor sus competencias, derechos y responsabilidades.

Aprovechemos la oportunidad. Busquemos alianzas.

@angelportoles

El camino

Seguimos una semana más con #MuseosPRO, el evento online que todos los jueves de junio de 19 a 21 horas analiza, reflexiona y debate sobre nuestros Museos y los profesionales que trabajan o aspiran a trabajar en él. El debate de este jueves tratará sobre #contratación y en palabras de sus organizadoras, “discutiremos sobre las distintas vías de acceso a puestos de trabajo en los museos”.

Aquí os dejo mi aportación al debate.

El camino

La panacea para muchos de los alumnos de grado o máster y para un buen número de mortales: trabajar en un museo.

Y diseñar proyectos  con colores lo suficientemente llamativos para hacer del Museo un espacio de referencia para la ciudad, para el territorio. O quizás participar en la gestión del itinerario que va desde la conceptualización a la producción de, por ejemplo, una exposición temporal. O sentarnos todos juntos para definir un proyecto mejor e inclusivo en el que el visitante sea algo más y se convierta en parte del Museo. Y donde los cuadros, esculturas u objetos salten de las paredes y las peanas y hablen directamente y sin tapujos a quien quiera escuchar. Y expliquen la vida que les ha tocado vivir: hacia una nueva museología más didáctica, más emocional y más sentida.

En mi caso fueron mis prácticas de Humanidades y en ellas aprendí lo que es el inventario de fondos fotográficos… Y junto a esta tarea, la posibilidad de preparar y realizar visitas guiadas y de diseñar una propuesta de guía alternativa a la ya existente y basada en nuestra formación, preferencias y emociones. Guardo un buen recuerdo del Museu de Belles Arts de Castelló. De cuando estaba en la calle Caballeros, donde hoy se encuentra el Museo Etnológico de Castellón, palacio en el que, en 1932, se firmaron las “Normes de Castelló”, las normas ortográficas dentro de la Unidad de la Lengua Catalana.

Y las prácticas pasan muy rápido. Recomendaciones: todas. Posibilidades de contratación: ninguna. Es el momento de repensar el camino. Y en mi caso se centró en Arsipe, una empresa de gestión cultural con gente como María Cervera que, hace ya 14 años, vinieron a “ficharme” a Xert (Baix Maestrat), a un campo de trabajo para restaurar la “Esglesia Vella” y coordinado por uno de esos profesores que algunos tuvimos la suerte de tener, Joan Feliu. Y, a partir de ese momento, la gestión cultural me ha llevado a colaborar puntualmente en exposiciones, museos y colecciones museográficas como la de Sant Mateu y a iniciar proyectos museográficos y espacios de interpretación. Y también a compartir mi experiencia en montaje y gestión técnica de exposiciones en algún que otro curso de especialización. Y a integrar el patrimonio cultural como recurso para el desarrollo del territorio. Sobre todo del rural.

¿Y todo este rollo? He pensado que una forma de afrontar la difícil cuestión de la contratación en Museos es hablando de caminos alternativos que, con el paso del tiempo, convergen un instante en ese ansiado proyecto de trabajar en un Museo. Directa o indirectamente. Sea con una colaboración o con un contrato para tal o cual trabajo en una exposición. En definitiva, posibilidades y encuentros inesperados con profesionales para repensar formas mejores de integrar la cultura en la ciudad. En el territorio.

@angelportoles

El reto de la Universidad

Sin entrar en jardines que me son, por otro lado, desconocidos más allá de un vago y general conocimiento, mi pensamiento para esta segunda sesión de #MuseosPRO se centra en la formación universitaria.

Parto de la terrible incongruencia que siempre me ha parecido la escasa y delgada oferta de asignaturas que se centren en la gestión, mediación o acompañamiento de iniciativas, proyectos y procesos basados en la Cultura y el Patrimonio. Relegadas en mis tiempos a asignaturas de libre configuración como mucho. O insertadas a escondidas por profesores maravillosos que se dedicaban a dar un paso más en tal o cual asignatura para plantearte formas alternativas de ver el arte y el patrimonio cultural. Que te explican que hay otros caminos por recorrer y que el campo es muy ancho.

Pero, ¿es suficiente? ¿Basta con la participación ocasional de un par de asignaturas en una carrera que recojan tangencialmente la formación en Cultura, en Patrimonio, en Museos?

Creo que no. Y podría parecer que, en parte, de ahí surgen los postgrados y cursos de especialización. Nada más lejos de la realidad. Puede ser que en otras titulaciones, esta formación sea realmente una ampliación y especialización de conocimientos, técnicas o procesos. En nuestro caso responden a un preocupante déficit formativo no resuelto en los años de lo que hoy es el grado. Y para eso debería estar la Universidad. Para atender a las necesidades de la sociedad y para participar en el desarrollo crítico y reflexivo de las personas. Aportando una formación real con prácticas reales en las que el alumno pueda aprender y que sirvan para algo más que finiquitar un porcentaje preestablecido de créditos.

¿Qué supone para la economía del estado la Cultura y el Patrimonio tanto de manera directa como indirecta? Seguro que millones de euros. ¿Cómo puede maltratarse y desatenderse de ese modo la formación de un sector tan importante?¿Acaso no vemos que sin una buena formación nuestros profesionales lo serán menos?

@angelportoles

Un museo, ¿con quién?

Junio es el mes de #MuseosPRO que, como sabéis, es un  evento organizado por Almudena López Molina y Laura Cano Coca que se desarrollará íntegramente online los jueves de junio de 19 a 21 horas con el fin de debatir sobre los temas que conciernen a los trabajadores de museos. Podéis seguir esta iniciativa desde su cuenta de twitter.

Desde nuestro blog queremos dedicarle una atención muy especial y las entradas del mes tratarán de reflexionar sobre los retos que nos plantean sus organizadoras.

Un museo, ¿con quién?

Cuando se nos planteó la posibilidad de participar en este interesantísimo proyecto de #MuseosPRO nuestra primera reacción fue rápida: ¡Claro que sí! Queremos dar nuestra opinión y poder compartir con compañeros y amigos nuestras impresiones y experiencia profesional sobre un tema tan candente como los retos que se plantean ante los Museos y cómo y quién debe enfrentarse a ellos.

Parece casi innecesario apuntar que un museo es y debe ser cosa de todos. Mal empezamos cuando en nuestra ciudad o, lo que seguramente será peor, en nuestros pueblos, cae, a golpe de efecto, un Museo. El efecto es devastador. El coste altísimo. El desconocimiento generalizado. Por lo tanto, mi primera reflexión sería considerar si un Museo debe ser fruto de la demanda de la población y fruto de sus inquietudes. O si tiene que partir insalvablemente desde arriba (políticos, técnicos, “politécnicos”) como resultado de estudios de mercado que analizan el impacto, la presencia, los votos.

¿Quién debe construir nuestra ciudad? ¿Un sueño colectivo? ¿Dónde estaría en este aspecto la participación y la implicación de las personas? En definitiva, desde dónde debe partir la política cultural asociada a la tremenda decisión de planear y elaborar un espacio cultural tan importante, impactante y definitorio como lo es, sin duda, un Museo.

La duda es clara. Y dependiendo de las respuestas, nuestra idea de Museo será una u otra muy diferente. Y los perfiles que deberán estar presentes en nuestro Museo serán unos u otros.

Diferentes formas de construir una ciudad. De plantear un proyecto a largo plazo como lo pretende ser un Museo. Podría estar en relación con la sociedad que lo rodea. Podría abrirse hueco. Crear una necesidad hasta ahora no percibida. Podría plantearse para que su sol y su luz atraigan a visitantes y los fidelice hasta convertirlos en usuarios. Podría plantearse incluso que participen y que los que viven el Museo puedan disponer de una partida presupuestaria para poder diseñar programas y actividades.

Y todo pasa por el reto de afrontar un Museo para las necesidades y demandas actuales. Tan cambiantes. Tan fugaces. Tan frágiles e inestables que parece que muchos de estos perfiles que anhelamos para nuestro Museo tendrán que tener experiencia técnica y también emocional. Para implicarse. Y creerse lo que hacen. Y transmitir ese sentimiento a muchas otras personas que asuman el reto de construir un espacio que deje pasar la luz y en el que se puedan realizar todas y cada una de las maravillosas conexiones que demandamos y que nos permitan participar y ser Museo.

@angelportoles