La Evaluación. Trilogía de la creación de un proyecto (cultural)

Se acerca el final del año y en muchos casos – quizá demasiados- llega la entrañable y repetitiva liturgia de la evaluación anual de proyectos. Vuelven a casa. En cada Navidad. Como los turrones. Con ese dulzón de la miel y con ese mal presagio del cacahuete infiltrado entre la almendra que viene a recordarnos que toca pasar cuentas:

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Ejemplo imaginado número 1 de evaluación anual de proyecto cultural

Demasiado tarde. Atrás quedó la fase de enamoramiento en la que conseguimos emocionar a nuestro jefe. A nuestro político. Nuestra utópica finalidad… Nuestros complejos objetivos hábilmente expuestos. Gráficas, variables, constantes, estudios, impacto. Todo al servicio del proyecto y su desarrollo.

Proyectos que pecan de soberbia. Nadie se acuerda ya de las recomendaciones y alertas sobre el complicado marco geográfico del proyecto. O la dificultad para, en tan poco tiempo, sensibilizar a una población demasiado acostumbrada al desengaño y al aplazamiento. Proyectos expuestos al corta-y-pega de evaluaciones de manual. Surgidas de nuestros apuntes de la carrera. Inconexas con el resto del proyecto porque hablan de supuestos generales. Proyectos con déficit de evaluación. Entusiastas a la hora de redactar pero olvidando la importancia de plantear una red de diagnóstico que nos permita evaluar los resultados y adelantarnos e incluso diseñar estrategias de escape, contención, protección o de choque.

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Ejemplo imaginado número 2 de evaluación anual con más que probable ajuste de cuentas político-técnico o responsable-técnico incluido

La evaluación debe serlo desde el principio. Desde el mismo momento en el que todo se perfila y la idea va cogiendo forma. Mucho antes de tener claras más de dos cosas. Debe integrarse en cada acción para mejorarla. Introducirse transversalmente para darle profundidad, sentido y matiz. Y aplicarla generosamente en todo el proceso para nutrirlo de suficientes indicadores que nos ayuden a estar preparados ante los vaivenes naturales del trayecto que estamos a punto de comenzar.

Y que sirva para algo más que para adornar la última parte de nuestro proyecto. Que cuente con todos los implicados. Desarrollando espacios y momentos para la reflexión, para el análisis. Desmontando estructuras demasiado verticales mediante la comunicación y el diálogo. Y que sea real y no fruto de cubrir el expediente. Que forme parte del adn del proyecto y que esté en los mantras que nos repetimos por la mañana.

Y que sea crítica, sin miedo a equivocarnos.

Texto: @angelportoles

Ilustraciones: P.J.Cifuentes