Combregar una vegada a l’any no és suficient

Sempre que arriba una data de commemoració general de la cultura o el patrimoni com aquesta, no puc evitar pensar en com em desagraden aquests dies. Pot ser siga un problema meu, ser incapaç de separar el motiu pur amb el seu aprofitament i rendibilitat que se’l dóna per part d’uns i d’altres.

Fent amics! Aquesta pot ser la consigna del post que aquest divendres penjem al nostre blog. Mal anunci i pitjor dia, avui que, oficialment, comencen molts dels actes previstos per a celebrar les Jornades Europees del Patrimoni que, enguany, tracten del Patrimoni Immaterial. No volem amb aquest text engrescar massa al personal. En cap cas estic en contra del munt d’activitats i accions plantejades per a recolzar aquests dies. Però, en la meua opinió, hi ha molts que pensen que amb combregar una vegada a l’any és suficient i apuren els pecats fins que arriba el dia de confessar-se, entonen el “meua culpa”, es claven tres punyades al pit ben sonores i millor vistes i, si t’he vist, no em recordaré fins a l’any següent.

Jornadas_europeas_de_patrimonioProgramar jornades europees del que siga és important. Recordar a la població l’existència d’un valor, d’un recurs o d’una malaltia és important. Traure xiquets perquè solten globus i atraure als mitjans de comunicació i que al telenotícies de la nit es programe la notícia en mig d’un desnonament o d’una brutalitat és important.

Però, aquest, com a molts altres, és un problema polític. De les polítiques culturals i generals que prioritzen la immediatesa per davant dels projectes. El ara pel després. Polítics que no fan política perquè es dediquen a apagar o encendre focs i que gasten el dies europeus del que siga per a donar besets als xiquets i als majors. Política de foto. Tinc molt clar que és fonamental que la gent que no coneix un determinat problema, una certa situació, necessita conèixer-lo de manera generalista. Juntament amb això, tinc clar que el patrimoni i la cultura és cosa de 365 dies a l’any. D’obrir espais de participació i d’implicar a la gent. De baixar les expectatives i de cedir la pressa de decisions a les associacions, grups i persones que aporten el seu temps i el seu esforç en la defensa i promoció de la cultura i el patrimoni.

@angelportoles 

¡Santa Lucía nos conserve la vista!

Quizás os pueda sorprender si os digo que Castellón vale la pena. Si cerramos un instante nuestros ojos, la imagen que nos viene a la cabeza puede que no sea del todo positiva. Si nos prestamos a un experimento para buscar relaciones rápidas, de esos en los que te dicen “rosa” e, inmediatamente, contestas “belleza”, “espina”, “alergia” o cualquier otro concepto similar, lo más probable es que cuando en este ficticio test nos digan “Castellón”, las respuestas recorrerán una buena parte de nuestra actualidad más sonrojante, formada por complejos vacacionales brutales, aeropuertos sin aviones, políticos de renombre, etcétera.

Pero Castellón es eso y mucho más. Mucho más que un territorio mal vertebrado, que arrincona todo lo que puede el interior para conducir el flujo de servicios, visitantes, paseantes y turistas hacia el litoral. Mucho más que el destino de todas y cada una de las felices ideas de quienes no lo aman y proyectan y proponen, como receta para la salvación de la crisis y fomento de la oportunista y feroz promesa del empleo, incineradoras de residuos, minas a cielo abierto o fraking. En Castellón, junto a este modelo megalómano, cohabita una manera radicalmente diferente de hacer las cosas, que se basa en las relaciones entre las personas y su colaboración y que se cimenta en la horizontalidad de su estructura. Es la forma de hacer de los pueblos pequeños o muy pequeños. Que trabajan en red. Que comparten y soportan en grupo el peso de los servicios sociales, de limpieza… Que resisten las casi dos horas en algunos casos de coche para acceder a una sanidad que tienen por derecho. Que aspiran a conocer día a día mejor su pueblo y que lo miman y cuidan responsablemente.

Pequeños pero muy grandes y bien tejidos. Anudados por un sinfín de asociaciones y grupos ciudadanos. Pueblos resilientes que se bambolean firmes frente a los constantes y brutales ataques porque mantienen muy hondas y muy vivas sus raíces. La escala favorece el surgimiento de iniciativas efectivas de apreciación del paisaje y del territorio. Y en medio de todas las tensiones y esfuerzos, en muchas ocasiones intuimos la presencia de un grupo de profesionales formado por Agentes de Desarrollo Local, trabajadores sociales y gestores culturales que actúan como correa de distribución y facilitadores de la transmisión necesaria para coordinar y poner en contacto a los unos con los otros.

De sobras conocidos y valorados por quienes trabajamos en el territorio, su posición es de un tiempo a esta parte muy frágil, demasiado expuestos a los vaivenes de la política local y de los funestos planes autonómicos. Frente a la diversidad y colorido que estos profesionales nos proporcionan, el marco que se pretende imponer se pinta en escala de grises y se orquesta al más puro estilo de los valores y supuestos de la evangelización de las Américas, del buen salvaje y de la buena nueva en versión gurú chamánico de los noventa venido a menos.

¡Santa Lucía nos conserve la vista!

@angelportoles 

No me gustan los automatismos

Principios de agosto. Vacaciones de agosto. En una de las iglesias “de cuyo nombre no quiero acordarme” nos encontramos a una persona joven sentada en la penumbra, en una mesita, haciendo sus cosas… “¿se puede visitar?” “Sí” “¿hay que pagar entrada?” “la voluntad (en cepillo)”. Mal empezamos, pensé…

Justo al salir, casi como acto reflejo, una monedilla que lo cambió todo… Cual resorte automático, la “custodia” se levantó y comenzó a recitarnos sus buenos ocho folios de apuntes con la historia y arte de la iglesia de marras… ¡Y que no paraba! “Gracias… Nos vamos pues… muy amable…” Nada que hacer y por si fuera poco, nos tocó acompañarla de nuevo por toda la iglesia para escuchar la explicación de cada uno de los retablos y detalles del templo…

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El verano se presta. Las vacaciones y el tiempo libre suelen ser la excusa perfecta para planificar unos días fuera de la rutina de nuestra geografía habitual y embarcarnos para descubrir nuevos lugares. Independientemente del destino y de lo que queramos conocer, cada vez más me encuentro en la difícil tesitura de elegir, cuando me enfrento a un bien patrimonial, el tipo de aproximación que deseo realizar.

Normalmente, he de confesar que prefiero el directo y personal acercamiento de manera silenciosa, sin grandes mediaciones que me condicionen descubrir, por mí mismo, la belleza, importancia, funcionalidad o singularidad del, por ejemplo, inmueble que pretendo visitar. Este camino me permite disponer de mi tiempo – siempre que vaya solo- o de, al menos, racionalizarlo en función de las ganas, fuerzas y humor de mis compañeros de viaje.

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El disfrute se encuentra en parte en desentrañar el misterio. En ser capaces de descodificar el mensaje. En percibir el maravilloso contraste de la sal en el chocolate amargo de ese bombón que descubriste, probaste y sin duda recordarás. Y para ello, lo ideal parece poder diseñar en función de tus conocimientos, tiempo y ganas, el tipo de visita que quieres realizar y las necesidades y recursos de los que quieres hacer uso para ella.

El intérprete, guía, facilitador, acompañante… es esencial y como tal debe conocer y saber sus tareas, su función y su responsabilidad tanto en lo que se refiere al grupo de personas que acompaña como en relación a la identidad y respeto del patrimonio que pone en valor. Tan importante son las palabras como los silencios y esta sencilla premisa debe ser adoptada por quienes trabajan y viven de la interpretación del patrimonio con toda naturalidad, detectando las características únicas de cada grupo y sus expectativas e intereses. Y para ello: abrir bien las orejas. Conocer a nuestro grupo. Interactuar. Diseñar a la carta. Aportar un plus de singularidad. En definitiva: hacer bien nuestro trabajo.

@angelportoles 

Génesis. Trilogía de la creación de un proyecto (cultural)

Idea que se piensa. Pensamiento que se comparte y se convierte en un posible. Reflexión que comienza a cristalizar hasta adquirir densidad. Todavía informe…

Promete… Estamos en el buen camino…

Ya trabajaremos después la forma. Vamos a por la estructura. Buscar conexiones con el microscopio y marcar los enlaces clave. Respecto a las uniones más débiles, no hay que descartarlas, serán con mucho trabajo y largo pensamiento, nexos paralelos que nos abrirán marcos alternativos.

Todavía en la placa de Petri. Éste es el momento en el que el profesional empieza a aplicar las cargas y a embastar la forma en base a su estilo, sus capacidades y su creatividad. Nunca podrá haber dos iguales. Los condicionantes externos e internos son tan cambiantes…

Cada vez más formado aunque todavía en estado embrionario…

@angelportoles