La insustituible tarea del técnico en el territorio

Hasta hace algunos años, nuestros pueblos de interior han vivido momentos de optimismo moderado gracias, entre otros, a la progresiva aparición de toda una serie de personas que han revolucionado en muchas ocasiones la dinamización local y han permitido generar un sinfín de acciones y sinergias intermunicipales e interpersonales. El técnico, en su amplia variedad de perfiles, ha proporcionado desarrollo, empleo, tareas administrativas y proyectos culturales de medio y largo plazo destinados a poner en relación grupos, colectivos, asociaciones e individuos que, como consecuencia, han comenzado a ver el potencial de su pueblo y a replantearse una posibilidad de futuro, de retorno y de reasentamiento.

La estructura de técnicos culturales de la provincia ha demostrado y demuestra día a día su compromiso con el territorio en cada una de las acciones que emprenden. Además, de la mano de la Universitat Jaume I y de la Diputación de Castellón y alrededor de una Mesa Técnica, se ha generado mucha de la acción cultural intermunicipal de las últimas décadas en Castellón. Su compromiso y presencia en el territorio es clave para la visualización, refuerzo y potenciación de un interior bello y rico formado por todo un conjunto de pueblos únicos e insustituibles que conforman un prisma poliédrico como el que tenemos. La supervivencia y estabilidad de la figura del técnico cultural en el territorio debería ser, además de un acto de responsabilidad y coherencia, una máxima atendiendo a los resultados tan positivos que se han obtenido en materia de desarrollo social, cultural y económico.

Qué es, qué somos, qué soy

La cultura nos define. Como seres sociales que viven en un territorio determinado (físico pero también virtual global) y que generan una serie de relaciones sociales y culturales en función de su relación con ese espacio y con el conjunto de seres que coinciden en este tablero que es el mundo, nuestra cultura y su identidad corren peligro de reducirse a paquetes culturales homogéneos en el que las particularidades de cada una de nuestras tradiciones, construcciones, etc. morirán uniformadas y adaptadas a un formato “tríptico tamaño Din A4 por las dos caras y cuatricomía” con el que tendremos que colocar, en base a un guión establecido, nuestro pueblo y su patrimonio cultural espatarrado, como si se tratara de una charcutería o de una pescadería.

Nuestra cultura es mucho más que ese folleto. Son sentimientos que vienen de lejos. Son raíces cimentadas por nuestros mayores pero que, lejos de mostrarse inalterables, se adaptan y moldean al presente. Se actualizan para encajar entre una ciudadanía cada vez más preparada y responsable. Hombres y mujeres expuestos a la infinitud del espacio informacional global que cada vez más, comprende la necesidad de anclar su ser a un espacio real, definido y contextualizado para, desde ese punto, poder proyectar su “yo” al mundo.